Lo miraba como dormía boca abajo, con la cabeza recostada hacia la derecha. Su cara quedaba frente a la suya. Lo miraba y veía que tenía una sonrisa de niño en la boca. Adoraba verle así, totalmente relajado y paseando por su mundo de fantasía. Pensaba en qué estaría soñando, qué pasaría por su cabeza. Se ilusionaba pensando en que tuviera algo que ver con esa noche. Le parecía egoísta pensar así, querer ser el centro de sus sueños, pero lo adoraba tanto que quería estar hasta en su cabeza.
Entonces se incorporó. Empezó a pasar su dedo índice por su cabeza, y fue bajando en línea recta, muy lentamente, por su cuello hasta llegar a su espalda. Conforme bajaba por ella, se iba dando cuenta de que la tenía llena de pequeños lunares oscuritos, y al fijarse se dió cuenta de que al unirlos se dibujaban los diferentes continentes. Se imaginaba viajando con él por el mundo, haciéndose fotos juntos en todos los lugares que siempre habían querido visitar, y besándose en cualquier esquina. Pasarían por París, Venecia, Londres, Nueva York, Marruecos, Egipto... ¡El mundo sería el límite!
Imaginando toda esta odisea fue pasando la noche. Ya eran las siete. Estaba amaneciendo. Un pequeño rayo de luz entraba por la ventana, a través de la persiana entreabierta. Le fue a dar en los ojos, así que se despertó. Sin darse cuenta se había dormido sobre su espalda, planeando su gran sueño. Se incorporó y se recostó sobre la almohada. Se sentía un poco idiota, pero irremediablemente feliz. Cerró los ojos y se sumió en el mundo de sus fantasías. Estaba impaciente por seguir su mapa...

Un mapa particular... =)
que bonito félix :)
ResponderEliminarme sorprendes escribiendo cosas asi ^^ jaja
ya veo que has encontrado fotos de mi google ¬¬ xD
Un besito, sigue así :D