lunes, 24 de mayo de 2010

Retrato de una vida NO soñada

En primer lugar, ¡¡bienvenidos/as a la reinauguración de mi blog!!


Daniel. Así se llamaba, aunque le decían Dani. Tenía 17 años, natural de Madrid. Un chico alto, delgado, castaño y con los ojos verdes; un éxito entre las mujeres. Vivía solo en un apartamento del centro, que él mismo se pagaba trabajando. Aparte de esto, llevaba una vida como la de cualquier chico de su edad. Por las mañanas iba al instituto, a ver si por fin acababa 2º de bachiller, que lo traía de cabeza. Después de comer, a estudiar un rato, que quería acabar el curso con buenas notas. Y después, un rato al gimnasio.

Dani iba a un gimnasio que había cerca de su casa. Solía ir tres veces por semana, un par de horas, ya que para él su cuerpo era muy importante. Tanto entrenamiento hacía que tuviera un cuerpo que muchos envidiaban, pero él lo justificaba diciendo que lo necesitaba para su trabajo. Y no mentía.

Después del gimnasio, vuelta a casa. Preparar la cena, un rato de alguna de sus series preferidas y, sobre las once y media, al "curro", como él lo llamaba.

El trabajo de Dani era un poco especial, se podría decir. Trabajaba en el arcén de una carretera secundaria, a las afueras de la ciudad y en horario nocturno. Es aquí cuando lo de que Dani necesitaba su cuerpo para trabajar toma sentido, ya que era su herramienta de trabajo. Todas las noches se iba a su puesto de trabajo, siempre puntual, ya que los clientes empezaban a llegar a media noche.

A él no le gustaba su trabajo, pero no le quedaba otra salida. Antes de cumplir los 17, se peleó con sus padres y se fue de casa, ya que tenían formas de pensar extremadamente diferentes: sus padres eran muy tradicionales y él totalmente lo contrario, así que chocaban continuamente. Intentó buscarse la vida por su cuenta buscando un trabajo pero, a punto de tener que vivir en la calle, le hablaron de esa forma de ganar dinero y no le quedó otra.

La verdad que no se le daba mal, llevaba bastantes meses en eso y cada noche se sacaba 100 o 200 euros mínimo. Le daba para pagarse el piso y todos sus gastos, y sabía que, por el momento, no podría encontrar ningún trabajo donde ganase tanto dinero.

Era miércoles. Aquella noche no fue diferente. Se fue al sitio donde solía ponerse todas las noches, para que sus clientes habituales de los miércoles lo encontraran fácilmente. Era un lugar donde sólo trabajaban hombres, la mayoría algo mayores que él. Él ofrecía sus servicios tanto a hombres como a mujeres, pero la mayoría de personas que iban eran hombres ya que las mujeres son más conservadoras en ese sentido. A él le daba igual cuál fuera su sexo, ya que sólo los consideraba clientes. De pronto, vió que un coche se detenía a unos metros de él. Ya sabía qué tenía que hacer en estos casos:

-¡Hola guapo! Vaya frío hace esta noche eeh... ¿Te ayudo a entrar en calor?-dijo Dani.
-Sí..., ¿por qué no?-dijo el cliente.

Entró en su coche y se sentó en el asiento del acompañante. El hombre empezó a conducir hasta llegar a un descampado bastante apartado y lejos de los compañeros de Dani. Paró el coche y se giró con cara sonriente hacia Dani.

-Bueno y... ¿por dónde quieres que empiece?-dijo Dani.
-¡¡Por ningún sitio!!-Dijo su cliente.

Acto seguido, agarró a Dani del cuello, lo puso contra el asiento y, mientras lo sujetaba, sacó de su bolsillo una navaja que le clavó con fuerza en el abdomen hasta que no pudo llegar más adentro. Después le escupió en la cara y le dijo:

-¡Asqueroso maricón, te lo tienes merecido! ¡Te pudrirás en el infierno!

Al acabar estas palabras, abrió la puerta del acompañante y, de una patada, echó a Dani del coche y lo dejó tirado en el suelo. Después cerró la puerta y se marchó como si nada, orgulloso de lo que había hecho porque en su retorcida mente había hecho algo maravilloso por la sociedad.

Dani, tras caer, se quedó inmóvil en el suelo, incapaz de moverse por el tremendo dolor y desangrándose. Era inútil gritar, no había nadie a su alrededor a quien pedir ayuda y su móvil se había roto con la caída. Sólo podía limitarse a asumir el triste y doloroso final de su corta vida.

Nunca le había dado miedo la muerte, pero sí le daba pena el pensar en la cantidad de cosas que aún le quedaban por vivir: su sueño desde que empezó a trabajar en eso había sido acabar el bachiller, cumplir los 18 y así poder ir a la universidad. Sus notas eran muy buenas así que sabía que le darían una beca. También soñaba con que, al salir de este mundo, por fin podría tener tiempo para tener amigos e incluso conocer a alguien especial con quien tener una relación; ¡tampoco pedía tanto! Y quien sabe si con el tiempo llegaría a reconciliarse con sus padres...

Pero nada de eso importaba ya. Sabía que iba a morir, había perdido ya mucha sangre y cada vez le costaba más pensar, así que dedicó su último aliento a pensar en todo lo bueno que había habido en su vida, en especial sus padres. Cerró los ojos para imaginarlo mejor y una lágrima empezó a caer por su mejilla. Cuando esa lágrima llegó al suelo, su corazón había dejado de latir.

1 comentario:

  1. dios...es super dura la historia, pero me encanta tu forma de narrarlo!

    sigue así! :)

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