jueves, 23 de diciembre de 2010

Madrugada

Estoy asomado al balcón esperando el crepúsculo. Disfruto de este momento, de esta paz que invita a reflexionar. En silencio, empiezan a venir a mi mente todo tipo de pensamientos, recuerdos y reflexiones. Me acuerdo de toda la gente que está en sus casas durmiendo, perdiéndose uno de los, para mí, grandes placeres de la vida.

Únicamente la luz de las farolas me acompaña. A lo lejos escucho el ruido de un motor, veo a los incansables semáforos cambiar de color, pero a casi nadie caminando por la calle (alguna que otra vez pasa alguien que vuelve de fiesta). Es curioso, seamos como seamos, nos conozcamos o no, siempre vamos a tener la certeza de que todos coincidimos en algo: dormimos en algún momento del día.

Y siempre llega esa hora, ese momento de la noche en el que casi todos están en el mundo de los sueños. Y es entonces cuando deja de oirse ese bullicio de la ciudad tan característico y que tanto me gusta. Es entonces cuando yo me siento un privilegiado, e incluso especial. Porque sé que muy poca gente está como yo, despierta, disfrutando de la calma de la madrugada.

2 comentarios:

  1. La ciudad...lo que daría yo por estar en un pueblo de montaña, con calles empedradas, fachadas de piedra también, flores en balcones, prados a los alrededores y un pan recién hecho cada día para comer. La ciudad me oprime.

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