martes, 12 de julio de 2011

Café

Un cibercafé del centro de Madrid. Las 7 de la tarde. Calor fuera. ¡Bendito aire acondicionado!

Estoy sentada frente a mi netbook, cotilleando Facebook y Twitter mientras me bebo a sorbos un café Mokka. Mi vida es tan aburrida que me centro en cotillear la de los demás. Normalmente, y más en verano, siempre hay novedades (romances veraniegos... bah). Y si no, siempre puedo jugar a algún juego del FB. Total, mi tiempo en estas fechas posee un escaso valor.

Abstraída en esto, no me doy cuenta cuando una gran figura se sitúa frente a mí. Miro hacia arriba y resulta ser un chico, de mi edad más o menos. Me pregunta si puede coger una servilleta. Yo, casi al instante y algo nerviosa, le digo que sí. Me ha pillado algo embobada. Y no iba a negarme... Además tiene pinta de ser majo.

El chico vuelve a su mesa y se centra en lo suyo. Está también con su portátil, como yo.

Yo, en cambio, me he quedado algo afectada. "Hay algo en él que me llama la atención. No sé qué es, pero sé que ahí está. No puedo parar de mirarle, sentado en la mesa enfrente de la mía. Estoy nerviosa. Me va a descubrir mirándole y me va a mirar con cara de extrañado. No quiero parecer una loca pero... En fin, sólo es un chico. Además, no es que sea atractivo, y menos guapo. Pero hay algo en él...". Todo eso pasa por mi cabeza en este momento.

En esto, que mientras yo lo sigo mirando, él también centra su mirada en mí. Me mira fijamente, primero serio, aunque luego me sonríe. No le entiendo, aunque yo también le sonrío. Mejor eso que nada. Bajo la mirada y me centro de nuevo en mis cosas.

Pasa un rato, y sigo pensando en qué he podido ver en ese chico para embobarme mirándole. Debe ser la desesperación. O quizás su sonrisa. Vuelvo a mirar y ya no está. "Probablemente no vuelva a encontrarme con él", pienso. Satisfecha al pensar esto, me centro de nuevo en mi portátil, hasta que alguien me habla:

-¡Hola!

"No me lo puedo creer. ¡Es él, el chico! ¡Y me está saludando!", pienso, casi sin creerlo.

-Hola -le respondo, tímidamente y con cara de incredulidad.

-He notado que me estabas mirando. ¿Hay algo que quieras decirme?- me dice el chico.

-Pues la verdad es que no. Perdona si te he incomodado. No era mi intención- y tras pronunciar estas palabras, le muestro una sonrisa amable.

-Yo sí quiero preguntarte algo- me dice, con una seguridad encomiable. -¿Te apetece charlar con un desconocido bastante amigable, algo aburrido y con ganas de conocer gente nueva de la manera más surrealista posible?

-Pues...

"¿Qué respondo? No sé qué responder. Nunca me he encontrado en una situación parecida. No me parece real. Pero, ¿cómo va a ser mentira? Debería ser decidida, decirle que sí y probar. ¿Qué puedo perder? No creo que sea ningún psicópata ni nada por el estilo. Es todo tan de película..."

-¡Claro! Siéntate- le digo con una sonrisa, y con tanta confianza que hasta yo misma me sorprendo.

"Y así empieza una grata conversación... Espero conseguir algo de ella. Mientras, mantendré la vista en él y no quitaré mi sonrisa."

PD: Tras charlar durante un par de horas, fueron a cenar a una pizzería cercana, y para terminar la bonita velada fueron a casa de él, donde, como se podía preveer, acabaron acostándose. Ella espera volverle a ver. Él ni se lo plantea. Porque en el mundo real casi nada es tan perfecto.




Y todo empezó con un café...

No hay comentarios:

Publicar un comentario